Cuando el dolor y la pobreza impulsan la excelencia

Hace algunos días tuve la oportunidad de conocer a Don Domingo. Un hombre sencillo que me conducía en su vehículo de transporte privado hacia el aeropuerto de Santiago. La lluvia no tenía contemplaciones en aquella tarde de otoño y este hombre de mirada lejana y hablar pausado, comenzaba a conversar. Mi primer impulso fue no escucharle pues en mi mente llevaba “temas relevantes” que resolver sin embargo, sus primeras palabras cautivaron mi atención; “la lluvia señor, me trae recuerdos hermosos pero a la vez dolorosos”. Comenzó su relato el cual intentaré reproducir resumidamente acá pues, mi corazón aún se aprieta al recordar su historia.

«Era muy niño señor y vivía en un puente del río Mapocho viendo la lluvia caer a cantaros por los costados del puente. El frío era un compañero asiduo y mis pies descalzos jugueteaban descalzos en los charcos de agua a las orillas del río. Yo miraba el mundo y me decía siempre que debía salir de esa mediocridad. No recuerdo donde aprendí el significado de ese término pero lo tenía claro. Y también tenía claro que debía salir de ese dolor interminable. Instaba a mis amigos pelusas a luchar por salir de ese lugar de seres abandonados por padres miserables, y muchas veces violentos o alcohólicos.»

«Recuerdo que siendo muy pequeño mirando a otros niños pasear alegres con sus padres, me juré a mi mismo que iba a luchar por tener una hermosa familia con hijos plenos y cuidados. Construí como pude un lustrín y con mis pies descalzos me propuse juntar dinero. Me iba a los lugares en donde estaban los elegantes caballeros a quienes lustraba con mi mejor pasión. Estaba decidido a ser el mejor lustrador. En algún momento me propuse con mucha convicción, llegar a trabajar en una de las empresas de estos caballeros. Y así fue. Entre a trabajar como carpintero a una fábrica de muebles. Mi jefe me instaló en una pieza en donde por primera vez en mi vida dormí en un colchón. Me juré en ese instante que algún día tendría una casa grande y acogedora para proteger a mi familia. Llegue a ser experto en lo que hacía y rápidamente llegué a tener 40 trabajadores a mi cargo. Lo primero que hice siendo jefe fue reclutar a mis compañeros pelusas del río para que trabajaran conmigo. Rescate a cinco. El resto se perdió en la delincuencia, al alcohol y la droga.»

«Me case con el amor de mi vida. La conocí en mi vida de pobreza en el puente. Ella fue adoptada por una dama de mucho dinero y la reencontré cuando ya era joven y tenía trabajo. Hoy ella es mi esposa y tenemos 5 hijos todos profesionales. Doy gracias a Dios por tanta convicción, por tener la capacidad de ver el futuro que deseaba en mi mente y por hacer lo que debía hacer para lograr mis sueños. Hoy señor, soy un hombre feliz y agradecido.»

Mi corazón terminó apretado con esta historia pues sin duda puede ser la de muchos y nos muestra con absoluta nitidez, las características de una “Persona Extraordinaria” de verdad.

Don Domingo fue mi invitado especial en nuestro reciente EPM Mastery. Su relato fue seguido por el honesto estremecimiento de todos quienes le escuchábamos pues nos mostraba un tremendo ejemplo de visión y fuerza interior que sin duda, pone en perspectiva nuestros problemas y conflictos y los empequeñece frente a tanta grandeza.

Mi homenaje a usted don Domingo y a través de usted a tanta gente que supieron salir de sus zonas dolorosas para tener la vida que siempre desearon.

Les espero en nuestra radio online el Miércoles a las 12:00 horas y en Conversando en Positivo a las 18:00 horas en Radio Universidad de Chile 102.5 FM.

Un abrazo fraterno a todos.

3 comentarios en “Cuando el dolor y la pobreza impulsan la excelencia”

  1. Bernardita Valdes Diaz

    muy linda historia la de don Domingo, ya quisiera tener la motivación para terminar de estudiar lo que comencé hace 3 años ya que con mis 63 años estoy desmotivada la memoria me jugo mala pasada, y di mis exámenes y me fue mal lo cual me bajonee mucho sintiendo el fracaso , como poder terminar la tarea que emprendi como desafio ,
    mi estimado oscar tienes algún método que pudieras guiarme para poder terminar.

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