«Good Job» ¿Mediocridad o Excelencia?

Estoy a solo horas de iniciar la tercera versión en este año de nuestro Mastery (Maestría) de “personas extraordinarias” y por supuesto, en la medida en que las horas avanzan me siento más ansioso, ingreso a espacios que pudiesen entenderse como de “extrema concentración”, y hago una síntesis de estímulos que me enfocan, música de Bach, la contemplación casi mística de un mágico entorno invernal, la profunda inocencia de mi pequeño hijo y por supuesto, la difícil elección de una buena e inspiradora película.

Gracias a la recomendación de mi buen amigo Omar Nef, anoche me dispuse disfrutar de una sorprendente producción norteamericana, «Wishplash”. Se trata de un drama en torno a la música de jazz, al alto rendimiento y al liderazgo. Es una de aquellas piezas que nos permite preguntarnos por la diferencia entre lo “normal”, lo “mediocre” y lo “extraordinario” y por el rol que juegan los líderes en el logro de estos altos estándares. Por supuesto la temática estaba muy en la línea de lo que trabajamos en nuestros entrenamientos pues, aparecen claves no siempre vistas relacionadas con cómo lograr aquello que muchas veces creemos entender pero que, en la práctica estamos tan lejos de lograr: “potenciar a tu gente para que logren los mejores resultados”

En este sentido, los directivos con gente “a cargo”, se enfrentan siempre a la disyuntiva de lograr con su gente “resultados satisfactorios” (good job en el lenguaje de la película) o lograr que su gente rompa sus zonas de confort, lo que siempre es muy doloroso, y llevar a la gente “más allá de sus expectativas”.

Es el líder que se aparece como aquel ser humano respecto del cual todos quieren estar cerca; un magnetismo que proviene de la coherencia, de la pasión pero fundamentalmente de la capacidad para provocar, para invitar, para persuadir y desafiar a las personas a romper sus límites, salir de los espacios de comodidad y no por un premio o una mejora económica, sino porque es una “cuestión de honor”; porque la Excelencia es un patrón de vida; porque el dar todo el potencial e ir “más allá” es una forma de vida, porque el ser permanentemente mejor constituye un privilegio del estar vivos, y porque todo esto debiera ser parte de los valores que nos definen como seres humanos.

El personaje de la película juega con los límites puesto que en la música la Excelencia es un deber, de lo contrario, es un desacato, una injuria, un agravio al sentido de la estética. En nuestras organizaciones, nos hemos acostumbrado a la mediocridad, permitiendo que los líderes actúen en un nivel de confusión tal que sentimos que la gente se nos escapa de control. Nos escudamos en lo “raro” de tener generaciones “Y” u otras letras acomodaticias, tendemos a explicar que la sociedad cambió, que la gente es más difícil de liderar, especialmente los jóvenes, y con ello nos acomodamos a resultados mediocres, a cifras preocupantes, mala calidad de servicio al cliente, altos costos, o niveles de productividad insuficientes.

No sabemos como lograr compromiso, ni menos involucramiento. Aceptamos como normal que la gente los días Lunes trabaje “como día Lunes”, nos parece normal que las personas ocupen de manera dosificada su energía en el trabajo, que sientan que el trabajo sigue siendo aún “un castigo”, y que lo que nos importa es que la gente cumpla con lo que tiene que hacer (good job ); con eso nos basta porque además… para eso nos pagan.

Potenciar a nuestra gente significa “desafiarlos a salir de sus zonas de confort”, dejar que vuelen, que sientan que en el trabajo hay “sentido de vida”, y no solo se trata de un espacio para poder mantener a la familia. Potenciar significa instalar creencias poderosas, hacer sentir que siempre se puede y que los mediocres sufren. Potenciar significar invitar al trabajo persistente, a la maestría, al desmarcarse de ese 95% de la gente que logra solo un “good job”. Potenciar es invitar a trascender.

Les invito a ver y disfrutar de esta película que, bajo el manto de la magia de la música, nos entrega valiosas lecciones de liderazgo, de aquel que nos cuesta tanto entender y asumir, a pesar de los innumerables cursos, talleres o diplomas que podamos tener en el tema y que, “colgados en nuestros curriculum” dan cuenta de características o habilidades que solo aparecen en el papel pero que están muy lejanas en nuestra realidad cotidiana.

Con afecto para cada uno de ustedes.

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