La ilusión de la innovación

Los paradigmas son verdaderas avenidas por donde transitan nuestros pensamientos y creencias.

Imaginemos por algunos instantes que un golpe de suerte llega a su puerta y usted recibe inesperadamente una cantidad importante de dinero. Habrá quienes piensen como primer impulso en pagar todas sus deudas y dejar todas sus líneas y tarjetas en cero, para posteriormente utilizarlas de nuevo. Habrán otros que se las ingeniarán para invertir esa suma y con las ganancias, pagar sus deudas, generar patrimonio y riqueza.

Los primeros operan desde el paradigma de las deudas y la carencia; los segundos desde el paradigma de la generación de riqueza. Ambos constituyen formas distintas de pensar el mundo y de entender la vida. Sin embargo, el transitar por un paradigma u otro nos genera diferentes resultados.

Hoy, en ambientes cada día más turbulentos, nos vemos seducidos a instalar, como una tendencia más en nuestras organizaciones, el concepto de la innovación, llegando a sugerir de manera categórica que no innovar es el equivalente a morir. Pero, ¿qué significa realmente innovar?

Se trata de pensar diferente (creativamente) para lograr resultados radicalmente diferentes, pues si nos lanzamos a innovar desde el mismo paradigma en el que hemos funcionado siempre, los cambios serán solamente maquillaje y, en realidad, no generaremos resultados muy distintos.

Innovar es ser capaz de auto-observarnos en un ejercicio mental de desapego y ver, en nuestra mente, desde qué paradigma funcionamos. Y, finalmente, definir desde qué nuevo paradigma queremos funcionar y desde ese espacio, generar innovación.

En el mundo de las organizaciones, mantenerte en el paradigma de tu industria implica competir. Salir del paradigma y situarte en otro nivel de pensamiento implica innovar, desmarcarte y ser distinto, sin necesidad de competir. Mantenerte en los paradigmas actuales para abordar nuevos desafíos, es como diseñar visiones de futuro asumiendo inconscientemente que el futuro no depende de nosotros.

En el ámbito personal miremos cuáles son nuestras “avenidas” inconscientes y cambiemos de ruta, saliéndonos de la lógica que nos invade y veremos cómo nuestros resultados cambian dramáticamente. El resto, es sólo un ejercicio intelectual inútil.

Finalmente, se me viene a la memoria una conversación que sostuve hace muchos años con un viejo ascensorista de un antiguo edificio de un banco santiaguino quien operaba la dorada palanca del clásico ascensor con rejas manuales.

Mi amigo ascensorista tenía en su mano un boleto de lotería recién comprado y le pregunté:
-¿ Que haría usted amigo si lograra obtener el premio mayor de su boleto de lotería ?
– Ah (dijo suspirando con profunda nostalgia), seguramente me compraría mi propio ascensor…

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