Una arrogancia difícil de controlar

Se hace urgente formas de intervención por valores en donde la vuelta a la humildad, sea uno de los focos de cambio para nuestras compañías mineras.

La arrogancia es un tema que cada vez con mas fuerza, esta presente en talleres directivos y de jefaturas pues atenta contra la efectividad cuando de liderazgo se trata y en definitiva, puede afectar los resultados de una organización. Se le considera lo opuesto a la Humildad. Tiene que ver con un exceso de autovaloración, una autoimagen inflada que lleva a un ser humano a creer y exigir mas privilegios de a los que tiene derecho.

Hasta hace poco, esta especie de antivalor era parte natural del perfil de un Jefe. Arrogancia asociada a una frágil superioridad, poca escucha y escasa autocrítica y predisposición al aprendizaje.

Lo sorprendente es encontrar este fenómeno en nichos que nunca nos hubiésemos imaginado. Al observar hoy el entorno minero en donde, encontramos trabajadores que son contratados con sueldos que se escapan de manera insólita a los promedios de rentas del resto de los trabajadores del país, personas que reciben bonos millonarios a propósito de los procesos de Negociación colectiva, que tienen una parrilla de beneficios que en nada son contrastables a la realidad chilena; personas que mueven equipos que valen millones de dólares y que, están conscientes de lo que le significa a una compañía mover una camionada de material. Trabajadores contratados en jornadas de turnos y que declaran que lo importante de su trabajo es el dinero que ganan, el amor y la pasión por el trabajo bien hecho, son parte de las historias que los genios de los Recursos humanos proclaman pero que no pasan de ser meras quimeras. Son trabajadores que no sienten compromiso ni lealtad para con las compañías que los acogen, menos para con sus jefaturas directas, quienes en su propias arrogancia, han aprendido a mostrarse lejanos e indolentes con sus dirigidos generando círculos viciosos que se traducen en incumplimiento de metas y accidentabilidad.

Son trabajadores que al ser invitados a procesos de desarrollo personal, exigen que se les pague pues estas actividades se realizan en los días de sus descansos. A participar en estos cursos declaran abiertamente que están ahí porque les pagan por asistir y que solo esperan que el día pase rápido; desafío adicional en donde las habilidades de un facilitador son puestas a prueba.

El fenómeno es transversal y se puede observar incluso en las conductas en las comunidades en donde estos trabajadores se insertan; supermercados, consultas médicas y por supuesto en las calles, en donde montados en sus todo terreno, se sienten dueños del mundo. En este contexto el desafío de las áreas de Recursos Humanos es titánico.

La burbuja es frágil pues, dependemos en un alto porcentaje de lo que nuestros socios lejanos los chinos nos demanden. Sin embargo los costos por mano de obra suben y por ahora y hasta ahora, es sostenible.
Se hace urgente formas de intervención por valores en donde la vuelta a la humildad, sea uno de los focos de cambio para nuestras compañías mineras; de lo contrario, tendremos que bajar desde el Olimpo con los duros golpes que nos enseñan las crisis.

 

Oscar Cáceres
Presidente Ejecutivo & Coach

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